Homenaje al buen café

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Decía el escritor Manuel Vicent al referirse al histórico Café Gijón de Madrid: "Yo creo que nunca he sido tan feliz como en esa vieja gabarra, cuando nos sentíamos capitanes y estábamos todos en plena pelea. Pelea por la vida, por tus ideas, por todo".

Algo similar sienten los clientes de toda la vida del Café Buenaventura. Bar situado en San Gregorio, uno de los barrios más importantes de Telde. Conocido en toda la ciudad y en gran parte de la isla, su fama se remonta 65 años atrás, tras su apertura en 1947 por Buenaventura Ramírez Hernández.

Cuando el bar abre sus puertas nos encontramos en una época de miseria en la ciudad, como en prácticamente todas las localidades españolas. La 2ª Guerra mundial acaba de finalizar y España está totalmente aislada por las potencias vencedoras. La cartilla de racionamiento se encuentra vigente, y la necesidad y la pobreza invaden las calles. Esta es la realidad con la que se encuentra elCafé Buenaventura, que sobrevive a duras penas en estos difíciles inicios.

El pintor y artista Felo Monzón fue quien dio el primer gran impulso al bar. Él y Bueventura coincidieron en el campo de concentración de Gando, al que habían sido enviados a finales de los años 30 como presos políticos por pertenecer, el primero al Partido Socialista, y el segundo al Partido Comunista. Ahí surge una gran amistad y esto motiva a Buenaventura a pedirle en 1952que lleve a cabo la decoración del bar, realizando una perfecta obra al estilo neocanario. La fama de Felo Monzón viene precedida por su enorme vocación artística que hace que con tan solo 23 años ofreciera su primera exposición individual. Siempre relacionado y preocupado por la política, en sus obras se puede apreciar la influencia de ésta en sus creaciones.

Desde el principio, Buenaventura apuesta por elaborar un buen café, esa es su obsesión. Para conseguirlo monta un tostador artesanal donde llega a tostar en su mejor época entre 40 y 60 kg de café, lo que permite vender al bar de media 800 cafés diarios. Buenaventura almacenaba hasta 10 variedades diferentes de cafés para conseguir su propia mezcla, con tuestes de 5 en 5 kg consiguiendo así un café único y especial. A parte del café, tenían muy buena fama las tapas, sobre todo las de pescado empanado y las de vuelta de ternera.

Desde los años 50, pero más en los 60 y 70 se cerraban muchos tratos que tuvieran que ver con agua y con fincas en el propio local. Comienza a ser habitual en el bar las reuniones de rancheros de agua, encargados de las ventas de las heredades de agua, quienes negociaban con los agricultores y cerraban tratos de compra de agua mientras se tomaban su café. Otro cliente habitual fue Mateo Betancourt, único especialista de la ciudad en medir grandes extensiones de terreno, así pues los interesados acudían al café Buenaventura para encontrarse con él.

Hasta los años 60, los únicos que estaban al frente del bar eran Buenaventura, su mujer y un empleado. La situación era dura, y apenas les llegaba para comer. Pero en la década de los 60 comienza a despegar el turismo en Canarias, y aunque el bar no contaba ni muchísimo menos con una clientela turística, comienza a haber más trabajo, provocando que hubiera también más consumo. Esto unido a que comienza una época de exportación del tomate y de hortaliza, generó el despegue y el buen funcionamiento del negocio. En ese momento habían hasta 5 empleados externos, contratados, a parte de la familia que prácticamente colabora toda: la mujer, los tres hijos y un hermano, se reparten todo el trabajo que da de sí uno de los bares más concurridos de Telde.

En general, se podía considerar a la clientela del bar como interclasista, a pesar de tener una fama no sustentada en la realidad, basada en que era el bar de los ricos. Aunque si es cierto que era habitual ver a exportadores o comerciantes en las mesas del café, no era menos cierto que desde las 6 de la mañana que abría el establecimiento hasta las 8 de la tarde que se cerraban las puertas, pasaban por el bar una cantidad ingente de trabajadores que en ese momento se iban a trabajar al sur, en la construcción y demás. Por otro lado, en la plaza de San Gregorio, que se encuentra a escasos metros del bar, solían haber entre 7 y 8 limpiabotas o betuneros, todos ellos clientes habituales del bar.

Durante esos años, con Franco al poder y la dictadura establecida, era común ver por el bar a algunos de los elementos más significativos de la izquierda de la isla, quienesvenían a contactar con Buenaventura. Pero no se le puede considerar al local como un punto de reunión más o menos fijo, puesto que sería muy peligroso al ser un lugar tan conocido.

Cuando mejor se encontraba el bar, siendo uno de los negocios más fructíferos de la ciudad, al que acudía gente de todas partes de la isla, y con una situación económica muy buena, se produce la muerte del dueño y artífice del ya histórico negocio. Corría el año 1968, y en ese momento, Ventura y Arístides (hijos de Buenaventura) junto a la madre de estos, y el resto de empleados se quedan al cargo del establecimiento. Esta situación dura unos dos meses, hasta que la familia llega a un acuerdo con los empleados del bar, quienes asumen la responsabilidad del negocio a cambio de una renta mensual.

A partir de la muerte de Franco y con la llegada de la democracia, el bar comienza a convertirse en un centro de encuentro, en un “mentidero político”. Gente de todas las ideologías, aunque en especial de derechas, se citan en el local para encontrarse y discutir sobre los temas importantes del momento. Se politiza mucho el ambiente del bar y allí se toman decisiones muy importantes en el devenir de la ciudad.

Entre principios y mediados de los 80 comienza la decadencia del bar. Este hecho se puede explicar por dos motivos principales: por un lado la cultura que van extendiendo los cardiólogos de que el café es malo para el sistema cardiovascular, esto hace retraerse a mucha gente disminuyendo considerablemente el consumo del café. Es significativo el hecho de que cuando más café se vendía en el bar Buenaventura fue cuando Telde tenía una población de menos de 20.000 habitantes, con una media de 800 cafés al día. Posteriormente, cuando la ciudad alcanza los 100.000 habitantes, la media se reduce a tan solo 250 o 300 cafés al día. Eso por un lado, por otro lado fue también porque el café Buenaventura fue un bar de copas durante sus mejores años, entre los 60 y los 70. Durante la década de los 80 comienza una cultura de demonización del alcohol, haciendo que también descienda mucho su consumo. Que los médicos aconsejaran evitar en lo posible el consumo del café y del alcohol ha tenido como consecuencia que actualmente el café Buenaventura tenga más historia que presente.

La situación actual es muy desalentadora. Su clientela habitual está formada por pequeños empresarios de la zona y empleados y jubilados, fundamentalmente gente de clase media, media-baja. Aunque durante las épocas de las campañas electorales, cuando se acercan las elecciones locales, el bar es muy concurrido por candidatos de diferentes fuerzas políticas, militantes, dirigentes y demás, ya que hasta hoy en día sigue jugando ese papel de “mentidero político” más que ningún otro local en Telde. Durante la jornada de reflexión de las últimas elecciones municipales, entre las cuatro mesas que forman el bar, llegaron a coincidir candidatos y militantes de tres fuerzas políticas diferentes en tres de esas cuatro mesas. Personajes políticos de todas las clases han pasado y siguen pasando por el establecimiento; desde buena parte de los políticos locales, como a nivel autonómico, como por ejemplo José Macías, Lorenzo Olarte, José Manuel Soria, etc., e incluso nacionales como el mismísimo Manuel Fraga, o durante el gobierno de José María Aznar, miembros de su equipo como Eduardo Zaplana o Ángel Acebes. Jerónimo Saavedra o Fernando López Aguilar, y eurodiputados como Manuel Medina del PSOE también han disfrutado del buen café del bar Buenaventura.

“El café Buenaventura no tiene ningún futuro”, así de claro habla Ventura, uno de los hijos del fundador del bar, y actual dueño y gerente del negocio desde el año 2003. Y no es que no tenga futuro debido al mal momento del negocio, que también, sino que es más simple: Cuando Ventura deje el negocio, el propietario recuperará el inmueble de forma automática, ya que en el contrato del local tan solo se permitían realizar dos transmisiones, y ya se han llevado a cabo: la primera fue la efectuada por Buenaventura a su mujer, y la segunda de ésta a su hijo Ventura. “Se podría negociar, pero seguro que el dueño pediría un aumento de la renta, además de realizar importantes reformas que tendría que asumir el que se quede con el negocio, algo totalmente inviable debido a la situación actual”.

Así que corren los últimos días de un punto histórico de Telde, un café de más de 65 años de historia, y mil y una anécdotas. A buen seguro recibirá un merecido homenaje cuando este día llegue, y muchos teldenses recibirán con pena esta noticia, pero hasta entonces disfrutemos del buen café de Buenaventura.