Manacor 4.0

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Manacor no está acostumbrado que una estrella del pop-rock español como Mónica Naranjo se presente en su plaza mayor para ofrecer un concierto. Sin embargo, el pasado 6 de junio gentes de toda Mallorca se reunieron en la Plaza de Ramón Llull para escuchar en directo los mayores éxitos de la cantante.

Aún no se habían abierto las puertas del recinto y la multitud ya se agolpaba agitando sus entradas con vehemencia. Familias enteras, abuelos y nietos incluidos esperaban su turno para tener la oportunidad de ver a Mónica Naranjo en carne y hueso en medio de su plaza de toda la vida. Por doquier se escuchaban saludos a gritos entre los habitantes, que se reconocían y añadían su excitación al ambiente en una mezcla caótica de catalán y español.

Dos escenarios se alzaban en la Plaza de Ramón Llull. En uno, los teloneros locales tocaban viejos hitos del rock tales como Stand by me o Roxanne; títulos que preparaban a los asistentes para escuchar el recopilatorio que Mónica Naranjo iba a hacer de sus grandes éxitos en esta gira conmemorativa de sus 40 años de vida. El otro escenario permanecía silencioso, cubierto por una fina gasa blanca que no podía ocultar del todo los preparativos que se ultimaban tras ella; una gigantesca máscara se alzaba ante todos los presentes ofreciendo un espectáculo casi macabro.

Cuando los teloneros bajaron sus guitarras, toda la atención se centró en ella, en esa máscara blanca que colgaba inerte sobre el escenario. Durante un tiempo la plaza permaneció en silencio salvo por el murmullo incontrolable de los que allí estábamos, cuando los primeros acordes de Aria de amor sonaron, los vítores se volvieron ensordecedores y los cientos de fans que llenaban la plaza saltaron descontrolados al verla aparecer por detrás de la máscara; sabíamos que Mónica Naranjo había venido a entregarnos su voz esa noche, acompañada por una electrónica versión de su música.

Tras la primera toma de contacto, la cantante saludó a su público, bromeó sobre fútbol y prometió no parar de dar caña durante la hora y cuarenta minutos que teníamos por delante. Y así fue. Acompañada por las pantallas y los juegos de luces, Mónica Naranjo fue soltando una bomba tras otra mientras la gente saltaba, gritaba y cantaba sus canciones con entusiasmo.

Pese al brutal volumen de la música, la voz de la catalana superaba cada nota y se imponía en una lucha de poder en la que ella tenía todas las de ganar. Muchos habríamos deseado que la puesta en escena hubiera sido menos llamativa, si algo caracteriza a Mónica Naranjo es su potencia y su habilidad escénica, la gran cantidad de audiovisual se hacía demasiado presente distrayendo nuestra atención del elemento más importante sobre el escenario: ella. Pese a todo, la cantante dio un espectáculo que Manacor no olvidará en mucho tiempo.

Los temibles problemas técnicos también hicieron su aparición: durante su Rezando en soledad hubo un fallo de luces que dejó a la cantante a oscuras sobre el escenario, aunque muchos pensamos que era parte de la magia del show. Ante la situación, Mónica bromeó con los técnicos y tranquilizó al público, ella estaba dispuesta a seguir aunque fuera con linternas. Tras un tiempo el problema fue solucionado y la cantante volvió al escenario, cuando las notas de su ya mítico Sobreviviré llenaron la plaza, nadie recordaba ya el coitus interruptus que habíamos vivido minutos atrás.

El concierto terminaba y la cantante se despidió de su público con otro de sus inmateriales: Pantera en libertad. Al terminar la canción, Mónica salió del escenario y la fina gasa blanca volvió a cubrirlo, parecía que el concierto había llegado definitivamente a su fin y los gritos de otra, otra se iban apagando a medida que los fans iban perdiendo la esperanza de verla durante unos minutos más. Iba la multitud moviéndose hacia la salida cuando una nueva explosión de vítores llevaron las miradas de vuelta al escenario. Iluminada por una simple luz azul, Mónica Naranjo se plantó frente a sus fans y les entregó lo que pedían, una última canción: Solo se vive una vez.