Somos de Primera

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Los amantes del fútbol hemos aprendido a lo largo de los años, y la mayoría de veces a base de palos, que no siempre gana el mejor, ni el que más se lo merece, ni el que más limpio juega. Eso muchas veces también pasa en la vida misma. Hay veces que la suerte predomina y se inclina hacia aquel que menos ha hecho o menos lo necesita. Ahí reside tanto el encanto como la injusticia de este deporte. Pero ayer no fue así, ayer el premio se lo llevó quien con más ahínco luchó por él, y con esto no quiero decir que el Zaragoza no mereciese subir, pero siendo lo más justo posible e intentando dejar (aunque puede que no lo consiga) de lado los colores, pienso que el resultado se tradujo en justicia. Justicia para un equipo, justicia para una afición y, sobre todo, justicia para una isla.

Resultaba impensable que la fiesta que comenzó desde tempranas horas, en la que la marea amarilla invadió los aledaños del campo y puso color y pasión a base de banderas y cánticos, no tuviera un final feliz. Una vez más el recibimiento a la guagua de los jugadores fue espectacular, los propios futbolistas hacían fotos a los seguidores isleños conmovidos por su entusiasmo y positivismo, porque, recordemos, era un 3-1 lo que había que remontar, una tarea nada sencilla.

Unos diez minutos antes de que empezara el encuentro, se pudo ver el mosaico que se tenía preparado con el lema “El sueño de todos” y a continuación Luis Quintana cantó a capela, junto a los más de 28.000 aficionados congregados en el campo, la canción “Amarillo es mi color”. Una escena que pasará a ser histórica y que puso los pelos de puntas tanto a los canarios como al resto de espectadores de toda España que presenciaron el encuentro.

Y a las 18:00 se puso el balón en juego, la espera llegaba a su fin y comenzaba el partido más importante de la temporada, y posiblemente de los últimos 15 años. Las gradas no dejarían de animar y el equipo respondió de la mejor manera posible, avasallando a un Real Zaragoza que veía que los 90 minutos se les iban a hacer muy largos. Primero golpeó Roque Mesa en el minuto 36, tras una combinación exquisita del equipo insular, quien lo celebró con una furia desatada, no solo por la importancia del gol, sino por el peso que se quitaba de encima tras haber errado dos claras ocasiones en los anterior partidos de playoffs. Llegaríamos al descanso con el 1-0 y con la misma sensación de antes de que comenzara el partido: el sueño de la remontada era posible. Y si la primera parte el dominio de Las Palmas fue claro, durante la segunda parte fue aplastante. Pero entre el meta maño, el travesaño y la falta de puntería, la Unión Deportiva no conseguía adelantarse en la eliminatoria. Iban pasando los minutos y crecía el nerviosismo entre los feligreses amarillos, hasta que en el minuto 86 Aythami convertía un balón perdido en una maravillosa asistencia de gol para que Araujo rematara bajo palos un balón que significaría el ascenso a primera división, desatando así la locura en toda la isla.

364 días después el sueño se haría realidad. Si teníamos el 22 de junio como una fecha maldita por culpa de unos pocos villanos, ayer nuestros héroes convirtieron el 21 de junio en una fecha mágica, una fecha para recordar, una fecha que nos enseña que por muy bajo que caigamos siempre podremos levantarnos si ponemos todo de nuestra parte. Gracias equipo, gracias afición, gracias de corazón por hacerme sentir tan orgulloso de haber nacido en Gran Canaria y ser fiel a estos colores, y como siempre: ¡ARRIBA D’ELLOS!