El poder del aburrimiento

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Aburrirse es un placer infravalorado. El mundo de hoy nos empuja a la actividad constante, al movimiento continuo, sin dar un espacio para pararse un momento y pensar si toda esa actividad tiene algún sentido o si solo sirve para crear una polvareda que nos mezcle con el resto del mundo.

No puedo dejar de preguntarme por qué vivimos de una manera tan frenética, ¿dónde esperamos llegar?, no puedo dejar de pensar que nos han programado así para que dejemos pasar la vida sin darnos cuenta de qué es lo realmente importante.

Pensemos en las redes sociales, a través de ellas creemos conocer la vida de cientos de personas pero si nos preguntan qué les regalaríamos por su cumpleaños nos damos cuenta de que en realidad no sabemos nada de ellos. O nos damos cuenta de que estamos tan obsesionados con aparentar vivir de manera excitante que pasamos nuestro tiempo subiendo contenido absurdo en lugar de buscar algo excitante para vivir. 

¿Y si hablamos del YO?, me da la impresión de que nos relacionamos con nosotros mismos de una manera tan superficial como lo hacemos con el resto del mundo. No nos dedicamos tiempo para conocernos, vivimos pasando de un pensamiento al siguiente, como si nuestra mente fuera un telediario: vacía, inconexa y fugaz.

Estamos dejando de pensar, dejando de preguntarnos, dejando nuestra libertad en manos de los que nos quieren a todos iguales para perpetuar su dominio y ese es un futuro que me da ganas de gritar ¡pero cómo no lo hemos visto venir!, ya nos los dijo George Orwel en su 1984. The Big Brother is watching us, y nosotros le estamos dejando aceptando su ritmo de vida y haciéndolo nuestro.

Por todo ello os invito a aburriros, porque cuando nos aburrimos nuestra mente se sale de los esquemas y viaja donde le place, dejándonos conocer partes de nosotros mismos que no sabíamos que existían. Nuestro cuerpo se relaja y nuestra mente profundiza haciéndonos conscientes de que la vida es tiempo y el tiempo no se mide en minutos, se mide en experiencias.