El silbo gomero salta a las aulas canarias
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Cualquier centro escolar de canarias podrá impartir el próximo curso clases de silbo gomero. El único requisito que pone la Consejería de Educación es que cuente «con personal docente acreditado en el lenguaje silbado» para impartirlo. Teresa Acosta, directora de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa, admite que a día de hoy «no hay profesores», más allá de los que ya dan clases de silbo en La Gomera (el próximo curso será obligatorio también en esa isla para los alumnos de secundaria) y cuatro colegios en Tenerife y que, por tanto, serán monitores -maestros silbadores- los que, en principio, impartirán esas clases.

La publicación de la orden de Educación que regula la enseñanza del lenguaje el pasado 8 de enero fue bien recibida por estudiosos de este bien Patrimonio Mundial y por los silbadores, pero también suscita dudas.

Marcial Morera, catedrático de Filología Española de la ULL, es un estudioso del silbo gomero defiende que el silbo se imparta no solo en las aulas de primaria y secundaria, sino también en las universitarias, porque lejos de su interés práctico, que «hoy por hoy es nulo», dice, sí tiene «y mucho», dice, interés desde el punto de vista teórico e instrumental: «Es una mina para la enseñanza de la lengua», asegura. Sin embargo, ve un problema que se crea con la orden de Educación: cómo y quién va a acreditar a los profesores de silbo para que puedan enseñarlo.

Teresa Acosta, tiene claro que será la Consejería. Morales difiere porque entiende que debe ser la universidad la que acredite. El catedrático sostiene que «se tiene que sacar al silbo de la política».

Los silbadores también están en alerta. Unos porque temen que quienes vayan a enseñar silbo en las aulas de Canarias hagan que acabe por desvirtuarse y, otros, porque sostienen que se va a repetir lo que ha ocurrido en La Gomera, que hay miles de niños que han aprendido a silbar, «pero en los barrancos de la isla no se oye un silbido». «El hablar silbando de los gomeros ya no existe; otra cosa es aprender a silbar», sostiene Luis Morales Méndez, un silbador que asegura sentirse «marginado» porque nunca ha «comulgado con ruedas de molino», con el método establecido para difundir y enseñar el silbo.

El maestro silbador Isidro Ortiz ha sostenido siempre que «si el silbo no entraba en las aulas, se perdía», algo con lo que Morera no solo está de acuerdo, sino que lo considera «fundamental».

Una herramienta divertida para trabajar la atención

Iván Rodríguez dejó hace años de usar el silbato en sus clases de Educación Física. Ahora, a sus alumnos del colegio Punta Brava de Puerto de la Cruz les silba. De tanto oír a Eladio Concepción en el patio ha llegado a aprender silbo gomero. Es un «descanso», dice, poder comunicarse con los niños silbando. También Bibiana Mesa, la profe de Inglés, y Fannie Kolturi, su apoyo residente norteamericana, están aprendiendo, como que Isaac González, el profesor de Música.

Todos encuentran en el silbo un instrumento para captar la atención de sus alumnos y aprueban que el silbo gomero se enseñe en toda Canarias. Otra cosa, dicen, es que haya profesores que sepan enseñarlo.

Lo que si hay es cantera. Todos los viernes unos 80 niños de entre seis y 11 años (algunos del aula Enclave) practican silbo con Eladio Concepción. Y todos silban. Eladio les enseña cómo poner los dedos para sacar sonidos, a escuchar y luego a responder silbando. Eladio, que admite que los chicos no usan el silbo para comunicarse, destaca sus ventajas educativas, sobre todo las relacionadas con la atención del alumnado o con el aprendizaje de contenidos. Y lo más importantes: «Los chicos se divierten mucho».