Mi experiencia como voluntaria (Marina. EVS en Estonia 2017-2018)

Hola, mi nombre es Marina, soy de Tenerife y en noviembre de 2017 tomé la decisión de pasar 8 meses en Narva (Estonia) como voluntaria europea en un centro de día para personas con discapacidad mental y física.

Esto que te cuento son reflexiones de mi experiencia personal, lo que yo he vivido hasta ahora en los meses que llevo aquí y que espero te sirvan de ayuda si te has planteado hacer un Servicio Voluntario Europeo.

La primera de ellas ha sido mi visión del voluntariado, para mi ser voluntario/a no es cualquier cosa, es hacer un trabajo que puede que a priori no esté reconocido como tal. Pero que aquí cobra todo el valor de un trabajo muy valioso para las personas con las que trabajas diariamente. Yo vine con la idea de ayudar y ofrecer lo mejor de mí y nunca podré olvidar las palabras que me dijo mi tutora “tú estás aquí para hacerles la vida más feliz”. Si ese no es el mejor trabajo del mundo, no se me ocurre otro.

Otra de las razones por las que decidí hacer voluntariado fue aprender idiomas, primero mejorar mi inglés, que lo tenía bastante olvidado y aprender uno completamente nuevo como el ruso. Aprender idiomas requiere sacrificio, tiempo y dedicación constante, yo llevaba muchos años sin hablar inglés y aunque al principio me resultó difícil poco a poco entiendo cada vez más y mejoro día a día, afortunadamente. Pero comenzar con un idioma nuevo in situ, y desde cero, ese ha sido el verdadero reto.

Aprender ruso no solo me ha ayudado a comunicarme mejor sino que me ha ayudado a abrirme en aspectos en los que yo no había pensado. Ha servido para darme cuenta de la importancia de “escuchar”. Parece muy lógico cuando aprendes un idioma, pero cuando llegas a un lugar nuevo en el que no puedes comunicarte y todo el mundo te habla en un idioma desconocido lo único que puedes y debes hacer es abrir oídos, ojos y mente. Los dos primero meses fueron el entrenamiento más intensivo en observación, escucha activa y apertura de mente que haya experimentado en mi vida. Y ese periodo me ha hecho entender muy rápido lo importante que es abrirte para recibir.

Seguramente tengas ideas en tu cabeza o esperes cumplir ciertas expectativas al final de tu voluntariado, pero te aseguro que algo en ti cambiará. Yo vine con mis propias ideas sobre la discapacidad, sobre mi centro, sobre el país, sobre la cultura, y muchas se cumplieron pero otras muchas me sorprendieron y cambiaron mi forma de pensar. Esta gente, a pesar de su “discapacidad”, me ha enseñado el verdadero significado del amor y la bondad, de cuidar del otro y de ayudarse.

“Yo lo que quiero es aprender”, eso me decía antes de venir, pero nunca pensé que tanto. Porque a pesar de lo mucho que aprenderás con ellos, el mayor aprendizaje va a ser de ti mismo /a. Me he dado cuenta de lo fuerte que soy, que puedo sobrevivir sola, que soy capaz de comunicarme con otras personas en otro idioma, conocer mis limitaciones y mis miedos, lo mucho que disfruto viajando, lo mucho que me queda por experimentar y descubrir. Ahora soy plenamente consciente de mi autoestima y de mi motivación. Cuando vives en un lugar sola, dependes únicamente de ti, hay muchos momentos en los que debes ser su propia aliada, la persona que te motive a seguir y mejorar, la que te impulse a hacer cosas, la que se sienta orgullosa de ti.
Extrañarás muchas cosas que tu país de origen, de tu cultura y de tu gente, pero hay cosas que solo podrás experimentar como voluntario/a, disfrútalas y guárdalas en un lugar seguro, porque esto es solo un momento. Para mí, 8 meses que serán como 8 días.