Contradanza

Paula Bolaños

El arte en Gran Canaria es intenso, variado y espectacular; impregna las calles y mueve a las gentes, sin embargo parece que está como escondido, casi como si fuera un secreto oculto a simple vista, algo que puede pasar desapercibido si no prestas atención. Pero si estás atento o atenta y buscas el arte por las calles de esta pequeña gran isla, notarás cómo cambia el ambiente y cómo la ciudad por la que paseas se transforma en algo diferente.

Así, oculta a simple vista, encontramos la escuela de baile Contradanza, donde la danza es más que un arte, es un filosofía de vida.

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Muchos creen que para dedicarse a la danza uno debe tener una voluntad inquebrantable, debe dejar de lado absolutamente todo y dedicar todas sus energías a perfeccionar una coreografía tras otra. La danza, para esos muchos, no tiene otro propósito que alcanzar la perfección, el total control del cuerpo y la mente con el objetivo de conseguir la ovación de un público. Sí, el baile puede ser esto, pero en Contradanza encontramos otro tipo de baile que no busca tanto el reconocimiento externo, y que tiene que ver más con la aceptación de nuestras emociones y con la expresión de nuestra personalidad.

Contradanza es una academia de baile fundada por tres bailarinas, una madre y sus dos hijas, que quieren aportar una perspectiva diferente al esquema clásico del baile. Educadas en diferentes estilos y con una larga trayectoria profesional, han desarrollado una metodología propia en la que dejamos de estar al servicio de la danza para poner la danza a nuestro servicio, una metodología que ellas llaman danza creativa.

Queremos que nuestros alumnos y alumnas sean capaces de crear sus propios movimientos para trasladarlos a sus vidas, trabajamos sus emociones y les entregamos una danza que no sólo se practica en un salón, sino que se puede practicar en todos los aspectos de la vida.
— Luna Aguilera, codirectora de Contradanza

Esta danza creativa permite emplear el baile como canal de desarrollo personal, como medio de diversión y, también como terapia. Es una forma de educarnos en movimiento, de liberarnos de la presión cotidiana y transformar nuestras emociones en arte.

La danza, por sí misma, tiene un poder que subestimamos a menudo. Vivimos invitados a ser seguidores, a no destacar, a existir dentro de la normalidad; y en este extraño fenómeno el hecho de lanzar los brazos al aire y dejar que nuestro cuerpo se mueva al ritmo de nuestro “yo” interno resulta insultantemente individualista, egoísta incluso; pues cuando eres capaz de enfrentar y aceptar tus propias emociones eres capaz de enfrentarte a la rigidez de una sociedad inmóvil y lo que es peor, eres capaz de contagiar a otros el don de la individualidad.

La danza tiene este poder, el de hacernos individuales, el de sacarnos del sopor general y el de darnos la habilidad de vivir nuestra vida marcando nuestros propios ritmos. Éste es el concepto que Contradanza traslada a sus clases y que trata de hacer llegar a sus alumnos y alumnas. Al fin y al cabo, la vida es un gran baile donde vamos aprendiendo los pasos a medida que suena la música, si cambias el ritmo puede que te tomen por loco/a pero, como dice nuestro amigo Lewis Carrol "¿conoces algún cuerdo feliz?".

A continuación podréis ver un extracto de la clase de "Modern Jazz" en Contradanza.


“Y mientras la gente cuerda grita, llora, sufre y niega a los locos nos verán bailando” (IZAL - El baile).